Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cartas no enviadas.
Nuestro encuentro en México

Debo confesarte, que no te lo conté todo. No te conté que antes de montarme en el avión, mi marido ya sabía a lo que íbamos. Ese viaje no iba a ser para conocer unas tierras nuevas nada más, ya que aunque sabíamos que nos movíamos por tierras movedizas, quisimos sumergirnos en ellas, aunque nos arrastraran hasta el fondo.
Quise experimentar lo que en fantasías viví de forma imaginaria. Sabía a lo que me exponía. Lo que me jugaba, pero me arrastraba de forma inevitable hacía lo desconocido dejándome arrastrar como una marioneta, sin hilos, porque por una vez, los hilos, los movía yo y los demás se movían a mi compás...
Le enseñé vuestras fotografías. En nuestras fantasías invitamos a tu preciosa mujer que nos acompañará en nuestros juegos maritales. Otras veces eras tú, el que participaba, nuestro juguete sexual.
Habíamos hecho tantas veces el amor con vosotros dos, que cuando por primera vez, os vimos en persona, nos pareció que habíamos recorrido cada milímetro de vuestra apetecible piel.
Parecías más joven cuando por fin, nos miramos de cerca. Tus ojos océanos profundos, donde bucear, y si no dejabas de mirarme de esa manera, me quedaría sin oxigeno inevitablemente en breves instantes. Así que cerré mis ojos para que tu magia no me hiciera añicos antes de tiempo y bebí de tus labios como si de un oasis se tratara.
El sonido de unos cristales rotos en aquel antro (como tú lo llamabas) me hizo volver a la realidad. ¿Te acuerdas?, Decidiendo con la mirada seguir con el plan del encontronazo fortuito, aparentemente. Debo decirte que tantas veces después, reviví aquellos instantes, que el tiempo y la memoria que se vuelve caprichosa, a veces, puede que los haya cambiado un poco.
Observé mientras hablabas, cuando nos presentaba a tu bella mujer, los ojos de deseo de Mario. Me entraron unos celos que hacían que mi estomago se enfadara y quisiera partirme en dos. Debía de apartarlos de mi mente. Ya habría tiempo después, de dejarlos pasar, pero ahora no quería que se apoderaran de mí. Fuera celos, dentro pasión.
No he podido olvidarla. La suavidad de su largo pelo, su olor, las cosquillas que me hacían en mi vientre cuando con su lengua hizo que dejará de ser virgen para ella, para ellas.
Ya no soy la misma. Ese encuentro lo cambió todo. Ahora tiemblo cada vez que pienso que pronto vendréis. Ahora os toca a vosotros. La cuenta atrás ha empezado. Siento su tic tac. O ¿Acaso es el mío?. Os estamos esperando ansiosos. ¿Vendrás? ¿Vendréis?.






